Una vida común desdramatizada con humor

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El fantasma de Edilia

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Edilia era la abuela de Florencia . Le habían descubierto Alzheimer y vivia con ellos hacia un tiempo. Cuando eramos adolescentes y nos juntabamos en su casa, poníamos una canción que le encantaba y la hacíamos bailar. Ella aplaudía contenta, riendose feliz a pesar de que la que fue alguna vez estaba perdida en algún recoveco de su mente y en su lugar habia dejado a una nena de pelo blanco que no tenia idea quienes eramos los que la rodeábamos. Ella igual se movía al ritmo de la música con su vestido de flores amarillas fresco para el verano, y su abanico con dibujos chinos que agitaba acompañando las coreografías improvisadas. Edilia era la misma que se quiso depilar el bozo con un fósforo, o confundió el secarropas con el inodoro y la que guardaba en un mueble pequeño (que la habia acompañado desde su casamiento), todo tipo de objetos desde una espumadera, hasta cucharas, pedazos de torta y objetos varios que la madre de mi amiga se ocupaba de vaciar cada noche.
Cuando Edilia murió era raro entrar a la casa de mi amiga sin escuchar los pasos de su abuela apurados, un poco arrastrando los pies y su sonrisa cuando espiaba detrás de la puerta, o a veces nos tiraba despacito el pelo soltando una carcajada . No pasó una semana sin que mi amiga dijera que sentía la presencia de su abuela:”Ayer era tarde me desperté para ir al baño y en el pasillo reflejado en el espejo te juro la vi “. Nosotras estábamos fascinadas. Era la época que en el pueblo hablaban de la historia de una mujer vestida de negro que un taxista llevó al cementerio y desapareció detrás de una pared (despues descubrimos que era una leyenda popular). Una y otra vez le pedíamos detalles. Fue contar eso y que cada una que se quedaba a dormir en casa de Florencia creia ver u oir el fantasma de Edilia. Asi una muy sugestionable dijo sentir escalofríos mientras se maquillaba, o que estaba segura de haber escuchado la melodía que le gustaba tanto en el medio de la noche. Otra afirmó que la gata de la casa nunca se sentaba en la silla de Edilia, todos relatos imposibles de saber si eran ciertos o solo producto de la imaginación. Pasó un tiempo y hasta nosotras perdimos interés en el tema. La madre de Florencia decidió mover el mueble donde Edilia guardaba todos sus tesoros al piso de arriba, todo era muy reciente para tenerlo tan a la vista. Una tarde de invierno, la casa estaba tranquila y solo estábamos mi amiga y yo en la cocina escuchamos pasos rápidos y un cajón que se abría y cerraba. Subimos despacio por las escaleras, sin hablar, el corazón un poco acelerado, inquietas más de lo que nos hubiese gustado reconocer, casi que caímos en el cliché de las peliculas de terror de preguntar “¿Hay alguien ahí?”. Abrimos la puerta y el cajón del mueble de Edilia estaba abierto. Lo miramos sin palabras, riéndonos para tratar de descomprimir el momento, y evaluando que probablemente la madre se lo hubiera olvidado abierto, que alguien hubiera estado buscando algo y en el apuro lo hubiera dejado así, pero todos los habitantes de la casa lo negaron. La familia afirmó que esto se repitió varias veces y casi a la misma hora. A la madre de mi amiga le dijeron que era cuestion de tiempo que Edilia eventualmente se iría. Un dia ya no se supo mas de ella , y su mueble el que coleccionaba sus hallazgos permaneció mudo, no volvió a abrirse en forma inexplicable, quizás como mi amiga solía repetir (y que no dejaba de ser un consuelo) , ya habia encontrado lo que tanto quería y que le impedía partir .

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