Una vida común desdramatizada con humor

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La seducción del inefable Dr Zapallo

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Escena: Bar cercano a Tribunales, bullicioso, gente nerviosa y llena de papeles apurados por llegar a fin de año. Frente a mi una taza de café con dos medialunas, aguardando a mi marido.
Anoto algo, siento una mirada y levanto la vista. En la mesa de contigua, muy cerca por la falta de espacio, me encuentro cara a cara con mi héroe del día :el Dr Zapallo. El pelo cortado al hombro con un sutil demechado, flequillo al costado momentáneamente sin movimiento por unos anteojos “afelinados” que a modo de vincha impiden que le caiga en los ojos. Seguramente trata de no privarnos de apreciar su bronceado de lampara que hace juego con sus zapatos cuero color calabaza, listos para pisar fuerte en el mundo femenino. El traje, amplio con efecto nylon y un degradé tornasolado furioso, que me nubla la vista, no pudiendo darme cuenta de si es azul o negro. Para describirlo debo haberlo observado mas de lo que conveniente porque el Dr me devuelve la mirada de ganador, postura segura, alentándome a rendirme y derribar todas las defensas que me impiden correr a su lado. El es consciente de que su “complejo de importancia personal ” ha llegado a su máximo potencial. Su ego lo tiene tatuado en la piel. Es el mismo, que probablemente le evite sentirse rechazado, renovar su optimismo, minimizar los rebotes y ante cada fracaso contarle a su amigo casado que “Ella se lo pierde”o “Las mujeres estan todas locas”. Mientras pienso estas cosas sonriendo por dentro, llega alguien que probablemente sea el cliente que espera . El hombre lo saluda, y le dice: “Perdón por la demora, tuve una “precaria”. Le contesta que no importa y lo interroga a viva voz por el tipo de Sociedad para la que trabajaba: “Solo se el nombre del marido, el de la mujer no porque es anónima”. Doctor Z le quita trascendencia con un movimieno de manos como dando entender que él está más alla de estas nimiedades , promete celeridad y compensación económica subiendo aun más la voz para impresionarme con su ahora parte intelectual. Cada dos segundos usa un término técnico, no haciendo nada para darle sencillez al tema, mientras su interlocutor lo escucha asintiendo con la cabeza con la mirada en blanco. Eso sí, de vez en cuando no me abandona y con el rabillo del ojo chequea si le estoy prestando atención a su sapiencia, y si ya , a esta altura estoy desvestida tapada solo con el Codigo Civil y una cédula , esperándolo ansiosa y lista para vivir nuestra historia de amor. Los dos corriendo descontrolados por las escaleras del Palacio de Tribunales , él con el pelo al viento y yo como una Isabel Sarli legal al natural . En eso momento llega mi marido. El Dr Z queda por un momento confundido e irritado. Su “angustia” dura tan solo unos segundos , el tiempo que le lleva marcar otra presa. Me voy riendo de este especimen devenido en irresistible uno entre tantos otros que recorren la calle Lavalle

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