Una vida común desdramatizada con humor

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La señora Globulo y el señor Gota.

Cuando uno vuelve a las ciudades mas chicas, es necesario practicar una serie de ejercicios para calmar el apuro que se hace tan común y al que uno se habitúa en Buenos Aires. Entretanto espero para comprar algo en la carnicería, tengo delante 3 personas. Dos son mayores. Respiro hondo mientras una Marucha local relata todo tipo de padecimientos, siempre con voz fuerte para que nadie se abstenga de escuchar ( la privacidad olvidada entre los huevos envueltos en papel de diario del mostrador), mientras los minutos pasan y yo siento ganas de hamacarme en la tira de embutidos que se exhibe a un costado del mostrador.
-Ay Jorge tiene gota!, no sabes como tiene el dedo gordo, es un globo, de noche le late hasta tiene que ir a trabajar de ojotas.
El carnicero, feliz y completamente enganchado en la película de suspenso medicinal le pide mas detalles, y juntos arman la historia clínica mientras la cola se acumula, se enrosca. El Dr Bola de lomo aconseja, cuenta historias y siempre conoce un caso milagroso de cura instantánea con teléfono de profesional incluido. Los dos están abstraídos en el relato espeluznante de los padecimientos del pobre marido, destinado a que su pie ardiente y fusiforme (tema encantador si los hay) sea el próximo tema de conversación. Ni hablar de las miradas indisimuladas, cuando ose aparecer en este negocio donde el cuchillo funciona bastante y guardar secretos un poco menos. Sin parar de hablar para no perder el hilo, empieza el programa “pesemos el pollo”, le cambia 3 veces el tamaño, uno porque es grande el otro porque es chico y el tercero porque el color no la convence.
La que sigue a Marucha y que uno ve que no puede mas de ganas de intervenir en el tema, ganar protagonismo e iniciar una terapia de grupo improvisada, introduce casi sin querer que la operaron de calculos y que el medico le dejo algunos en un frasco, que a ella le encanta exhibir cuando alguien viene de visita- “Para que vean que no exagero”-.Yo me deleito, (ya que me olvide los auriculares) en imaginar que lindo debe ser tomar el te con el invitado de lujo en un frasco, presidiendo la reunión. Como esto no alcanza y falta dramatismo al asunto, las dos improvisan un concurso de piedras a ver a quien le sacaron más, a quien le pusieron mas calmantes, cual de los dos casos fue mas extremo y la excitación de dias de internacion, lleno de detalles apasionantes.
Cuando me toca el turno a mi le pido lomo y para completar la mañana el carnicero me exhibe sus músculos marchitos. A lo que le digo: “No lomo, de verdad”, arruinando sin querer su momento de galán fisicoculturista .
Marucha, que sigue todavía en el local charlando , finalmente se aleja se encuentra con otra vecina mas joven que le dice ” Hola Marucha como anda?” y ahi nuevamente se abren las puertas del hospital, la chica me mira resignada: la descripción de los síntomas empieza una vez mas.

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