Una vida común desdramatizada con humor

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Hoy escribe Dinorah desde México: Las navidades mexicanas de los papeles metálicos agitados por el viento

Papel Picado

Papel picado.
Foto- México desconocido.

Mi madre nunca puso árbol de Navidad porque las épocas navideñas las pasábamos con mis abuelos, tal vez los mejores organizadores de eventos tradicionales del mundo unos “Christmas planner” del siglo XX. Los adornos eran modestos en precio, pero con un despliegue de imaginación y destreza artesanal de antología. Mi abuela solía colgar figuritas de papel metálico por toda la casa, que se movían con el viento y papel de china picado con figuras de ángeles y esferas que eran mi fascinación.
En el pueblo había 3 cosas por las que las familias competían: por tener la casa más limpia, por exhibir las mejores plantas y por poner el mejor nacimiento en diciembre que colocaban estratégicamente en la sala o en la habitación que daba a la ventana del exterior. Así todos los que pasábamos podíamos admirar los nacimientos a través de los cristales. Nacimientos llenos de heno, de ovejas y con un niño Dios moldeado en una figura de barro proporcionalmente mucho más grande que sus padres don José y María, aunque mis personajes favoritos siempre fueron los Reyes Magos, tal vez porque fueron los únicos que llegaron con regalo en mano a conocerlo.
En esta temporada las familias se turnaban para celebrar una posada cada día que incluía rezar, cantar villancicos, romper la piñata y comer dulces y manís, una alegría, compartida .
La casa de mis abuelos invitaba a pasar con el olor a comida que despedía en la mañana, a frijoles recién cocidos y por la tarde a canela o ponche de frutas. Mi abuela paterna fue una experta en comida mexicana y una anfitriona de lujo, su cariño, buen trato generosidad y amor la hacían merecedora a ese título y otros muchos títulos más hermosos y valiosos .Un día de cada año en diciembre era dedicado a hacer 10 kilos de buñuelos y todos nos reuníamos desde temprano para ayudar a elaborarlos. Eso sí, mi abuela preparaba la masa a las 5 de la mañana antes de que nadie llegara y pudiera descubrir el secreto de su receta y dejaba todo listo para que todos hiciéramos la parte pesada pero la más divertida extenderlos y ponerlos al sol para que se secaran. A medio día se suspendía el trabajo para comer mole con pechuga de pollo y arroz con unas larguísimas conversaciones sobre las los recuerdos de juventud, las anécdotas de la familia y los chismes del pueblo, mientras los más chicos escribíamos la carta al niño Dios. Mi madre nos sugería lo que debíamos encargarle recordándonos siempre que sólo podía traer una cosa a cada uno, porque éramos muchos niños en el mundo y ésta no debía ser demasiado cara, la redacción de nuestra carta incluía cero faltas de ortografía un “por favor”, “si se puede” y “si no es mucha molestia” terminada de un “gracias”.
Entre mis más anhelados deseos navideños estuvieron unos colores Prismacolor que incluyeran el color plata y el dorado y que la cajita se sostuviera parada sola exhibiéndolos, un costurerito de madera que se abría y aparecían varios compartimientos, igualito al de mi compañera de colegio Lorena Muñoz De Alba, que yo abría y cerraba sin cesar cuanto podía. También le pedí una Barbie, mis amigas más populares del colegio tenían al menos una que eran la sensación y yo no quería estar fuera de moda. Agregué a la lista de mis deseos, una bicicleta con llantitas y un pianito de madera de verdad, aspiraba a ser pianista y tocar “ Las Mañanitas” en el piano como lo hacía mi maestra Soco de música, cada vez que una niña en el colegio cumplía años y la piel se me ponía chinita. Con el tiempo me enteré que de la Barbie y de la bicicleta se encargaron mis abuelos tras un debate no muy largo con mi madre porque ésta se negaba a comprarlos y quería que en su lugar nos trajeran unos abrigos de lana o unos vestidos de punto smock, que jamás me gustaron. Mis abuelos nos salvaron, creo que ellos en el fondo a pesar de ser tan tradicionales y estrictos con sus hijos, con sus nietos siempre fueron de espíritu vanguardista.
Mis abuelos ya no están con nosotros mis padres viven ahora en esa casa llena de nostalgia y enseñanzas. El día 22 de Diciembre que fue sábado, siguiendo la tradición ,nos reunimos para hacer los buñuelos cuya receta fue develada por mi abuela cuando se sintió muy enferma.Muchas cosas han cambiado.Las cartas de los chicos de hoy ya no usan el por favor ni el gracias, de la ortografía ni hablar ni a sus maestros les importa y sus pedidos son ilimitados en precio y cantidad y el gusto dura lo que una luz de bengala encendida.
Las familias de los pueblos tienen sus ventanas cerradas por la inseguridad .Ya no hacen buñuelos, porque en Costco venden brownies y galletas belgas y recién abrieron el local de las donas Krispy Creme donde hay una fila interminable algo así como el Starbucks del café.Tampoco hacen ponches de frutas porque ya nos invadieron los tes embotellados con las frutas más exóticas que prometen kilos de antioxidantes y con ellos la belleza y la juventud. Las conversaciones giran en temas frustrantes como el de política, economía y de las mejores ofertas que anuncian los almacenes con pagos de 12 y 24 meses sin intereses para correr a hundirnos abrazados a nuestra tarjeta de crédito.
Tampoco hay pianitos de madera ni costureros para las niñas o para grandes de ningún material, color ni diseño.Las Barbies siguen en demanda, pero esta muñeca nunca me sirvió para jugar o entretenerme y siempre estuvo de objeto decorativo en la repisa de mi cuarto. Pensándolo bien no puedo pedirle mucho, pues para eso fue creada. Las posadas se transformaron en festejos abundantes de bebidas alcohólicas para celebrar o evadir cualquier cosa y tampoco hay papel picado ni farolitos de papel metálico. Todo esto me frustra, por eso con mi poco presupuesto y mucho espíritu navideño mi creatividad se hizo presente y fui a comprar papel de china de colores .Mis hijos y yo picamos el papel mientras les exponía mi intimidad con frases de amor y cariño; el diseño del papel lo hizo Mau mi hijo  con una leyenda muy de estos tiempos con los idiomas mezclados, porque así vienen estos tiempos sin purezas de ningún tipo.
Si bien se fueron cosas que extraño y se presentaron, otras no tan agradables, también llegaron otras maravillosas dignas de celebrarse, por eso hoy mis deseos siguen intactos . Les deseo a todos un feliz y maravilloso año 2013 y espero que ese sentimiento siga vigente y nunca vaya a pasar a ser un recuerdo.

Las Mañanitas- Canción tradicional mexicana para celebrar los cumpleaños.

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