Una vida común desdramatizada con humor

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El humor tuerto.

El otro día leí algo sobre el humor y la gente que presume de tenerlo y me puse a pensar ¿tenemos verdaderamente sentido del humor? o ¿simplemente lo practicamos como si fuéramos tuertos, es decir con respecto al otro y sus falencias, sin que nos guste ser los objetos de las ocurrencias ajenas?.
Tener sentido del humor es reírse principalmente de uno mismo. Los caminos pueden ser muchos como burlarnos de nuestros defectos o los estrepitosos fracasos que fuimos acumulando a lo largo de la vida, es en definitiva elegir ver la vida como una comedia o como una tragedia, es sonreir hasta cuando la risa parece el estado previo a la desesperación . Para llegar a ser protagonistas y objeto de nuestra propia acidez es necesario comportarnos como cirujanos implacables de nuestra realidad, diseccionarnos honestamente para poder desdramatizar lo que nos pasa. El humor nos hace humanos, porque tomamos conciencia de nuestra propia vulnerabilidad, nos trae de vuelta a la tierra, descubre todo lo que hay de absurdo en nuestras experiencias, nos enseña que no somos mejores que el resto, nos da una perspectiva real del mundo que nos rodea. Muchas veces la carcajada, es la mano salvadora que nos ayuda a ponernos de pie nuevamente cuando nos sentimos un poco losers y el futuro parece coloreado en un sinfín de tonalidades oscuras.
El sentido del humor es también una herramienta de protección infalible, que en caso de ser legítima, desarma a aquel que busca herir. Entonces ¿que puede decirte que no te hayas dicho a vos mismo o de lo que te hayas reído primero? Eso deja al agresor sin armas y sin argumentos, es el rey de las estrategias, es el poder del auto-conocimiento, siempre que sea sincero, porque la técnica de nada sirve si rumiamos en silencio el dolor causado por el atacante, aunque él mismo no llegue a saberlo nunca.
La creatividad unilateral dirigida a mofarse del otro sin estar dispuesto a recibir lo mismo demuestra incapacidad para bajar del pedestal que erróneamente algunas personas construyen de sí mismas, percibiendo como una afrenta irreparable el intercambio de roles en el que que el burlador pasa a ser burlado y entonces la ira reemplaza a su supuesta amplitud de criterio para el humor, dejando al desnudo su enorme ego, su soberbia y su carencia absoluta de humildad.
En definitiva y como decía Oscar Wilde “La vida es demasiado importante para hablar en serio de ella”. Por eso frente a la vida o las dificultades yo elijo el humor para mí una religión, de la que soy su más fiel devota.

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