Una vida común desdramatizada con humor

Imagino que frente a la amplitud de la pregunta cada uno tendrá una respuesta diferente. En mi caso fue quizás porque porque pasé muchas horas de mi niñez en la casa de mi abuela. En ese lugar habia tres cosas en cantidades: libros, música y flores. Parece mentira como esos elementos actúan todavía hoy como un disparador para asociarlos con la risa la alegre de esa mujer coqueta, de pelo entrecano que repetía incansablemente sus consejos de belleza y femineidad :”Hasta cuando plancha la mujer debe cuidarse de tener los labios pintados”.
Era una casa grande y luminosa como solian serlo en las ciudades chicas. Muy temprano antes de ir a su trabajo, mi madre me dejaba a su cuidado. Me acuerdo de mi llanto para que no se fuera y su cara de sufrimiento por la culpa del abandono forzado. Mi abuela no me decía nada, solo dejaba que se me pasara el berrinche y despues con alguna que otra lágrima pegada en la cara le pedia un papel para dibujar. Y así transcurrieron muchas tardes de mi infancia, mechadas con los cuentos inventados que me contaba a la hora de la siesta mientras se iba quedando dormida:”…Y entonces la princesa…” y yo la tironeaba (malvada desde siempre) para que me siguiera narrando las desventuras de esa persona de fantasía que le pasaban cosas incoherentes pero que yo escuchaba encantada. Creo fue en algún rincón de esa casa llena de plantas que escribí mi primer cuento, tipeado cuidadosamente por mi tía, del que solo me quedo apenas el título: ” El ratón Quesán”, sus páginas, perdidas quizás en la confusión en alguna mudanza.
Mis tios leían muchísimo. Fueron ellos los que despertaron en mí el amor por la lectura. Además de comprar mas libros que juguetes, muchas veces me llevaban a la Biblioteca . En mi cabeza guardo las imágenes de los paneles oscuros, la sensación de frescura en contraste con el calor del verano y el olor único de los libros viejos. Estaba convencida de que en ese lugar habia un tesoro escondido o se ocultaba un misterio porque apenas franqueaban la puerta, todos los adultos ponían caras de respeto y susurraban. Yo los imitaba hablando bajito , creyendo que participaba en una conspiración de la que muy pocos tenían conocimiento, mientras corría apurada para sentarme comodamente en las sillitas de color pastel y tantear los textos que sacaba de los anaqueles infinitos recorriendo sus páginas hasta que uno de ellos me eligiera a mí como compañera de aventuras. Al volver, los llevaba apilados y con la dificultad propia de mi corta estatura que me hacía tambalear un poco por el peso, pero insistiendo en ser yo la centinela del enigma de sus pócimas y la identidad de sus villanos.
La lectura hizo que nunca me sintiera sola o aburrida algo que se mantiene en la actualidad. Siempre habia una nueva cosa para imaginar, algo para curiosear, un personaje que inventar, una persona nueva para ser.
En la escuela primaria tuve docentes maravillosas que siempre me incentivaron a escribir. Con sonrisas de aliento, me animaban a pararme al frente del salón para leer en voz alta, venciendo mi timidez y lidiando, roja de vergüenza , con las bromas de mis compañeros me llamaban por el nombre de una poetisa (que si pudiera leer mis rimas y canciones sufriría un fuerte espasmo). Un día mis maestras decidieron enviar mi composición a un concurso en Mercedes, una localidad cercana. Recuerdo que lo que habia escrito era algo sobre la bandera, rococo y un poco empalagoso. Todavía tengo presente ese día en el que me dieron el premio que recibí llena de orgullo con mis anteojos enormes y mi guardapolvo impecable y mi familia entre el público presente, tan exultante con esa objetividad desdibujada de los padres, que piensan que somos genios en ciernes y siempre mejores que el resto de los mortales.
Las obras infantiles trajeron ideas impensables y fantasiosas como cuando éramos chicas, con una amiga compramos en la librería clásica del pueblo, frente a la plaza un libro que enseñaba como ser un detective. Era indudable, producto de nuestra inocencia infinita, que podíamos investigar una casa antigua que nos fascinaba porque según decían tenía pasadizos ocultos. Mucho tiempo transcurrió entre galletitas y chocolate ideando nuestros pasos, seguras de que ese lugar albergaba un fantasma e íbamos a ser ella y yo entre todas las personas las encargadas de encontrarlo, con la sola estrategia de los planes trazados con papel y lápiz arriba del mantel a cuadros.
Pienso a veces que esta experiencia es como desarrugar las hojas que terminaban en el cesto de los papeles. Es intentar explorar cosas nuevas, crear personajes, moldearlos, quererlos aunque muchas veces queden torcidos o imperfectos, pero siempre tratando de que hablen con su propia voz. Nada me gusta más que pensar que ellos bajan hasta sus historias por escaleras de renglones y los difíciles obstáculos de las comas y la gramática o a veces simplemente descansan acomodados en mi cabeza y en sus respectivos estantes, como mis libros.
Redactar es inyectarle vida a la lengua que no deja de sorprenderme con la hermosura sus tintes y sus colores. Es la posibilidad y el divertimento de cambiar completamente el significado de las palabras que muchas veces caen despacio en la hoja y saludan en blanco y negro en una especie de malabarismo final que decide quien ve las mismas cosas con distintos matices
Quien escribe hace y rehace su trabajo, duda pero sueña que de alguna forma, la que sea, y por el motivo que fuere una persona en algún lugar se sienta rozada apenas o que un párrafo actúe como lo haría un encantamiento, y casi sin querer se involucre en su contenido. Mas allá de como lo haga, yo escribo porque me da mucho placer, porque me divierte y porque cuando alguien me leyó un cuento por primera vez esto cambió para siempre mi forma de ver el mundo. Hace tiempo y gracias a los libros aprendí a descifrar el conjuro secreto de la imaginación, la que un día me abrió los ojos muy grandes, me dio la libertad de construir un refugio que siempre esta ahí para mí y en eso reside su magia.

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Comentarios en: "Porque escribimos." (13)

  1. Papá por siempre dijo:

    Podría contarte mil anécdotas de mi romance con la lectura, pero no te voy a invadir el blog. Solo una, muy pequeña y quizá banal. Dos veranos seguidos pasé unos días de vacaciones en la chacra de una tía, no muy lejos de Buenos Aires. Un pueblo llamado Gómez, que se hizo algo popular hace un tiempo porque la Negra Vernaci compró tierras allá.

    Mis primas tenían algunos libros infantiles y para mí fue todo un descubrimiento encontrar un pequeño librito donde había cuentos infantiles (Caperucita, El Patito Feo, etc.) y pude por fin leerlos, de principio a fin. Hasta ahí habían sido como leyendas que se transmitían por tradición oral y siempre había alguna particularidad distinta, según fuera el que lo contara. Ahora estaba viendo esos cuentos en letra impresa, podía leerlos y releerlos sin cansancio.

    • No invadis para nada Mario. Que lindo lo que me contas. Yo tengo muchisimos libros en la casa de mama que no traigo por una cuestion de espacio pero que podria releer como vos si cansarme. Lo triste es que los quise donar y en la Biblioteca me dijeron que no que muy pocos leen

      • Papá por siempre dijo:

        Cuando mi mamá se mudó (de casa a departamento) y hubo que achicarse, donamos un montón al Ejército de Salvación.

  2. Y yo me pregunto entonces: ¿por qué no escribo? jaja. Qué lindo es leerte, Sienna.
    Sabés que cada vez que lo hago me dan ganas de sentarme un rato y escribir algo, pero siempre pasa otra cosa, más urgente, y sigo abandonando mi blog como de costumbre…
    Me encanta descubrir que cada día escribís mejor. Beso enorme.

    • Gracias Nemesis. Valoro muchisimo tu opinion, tu forma de ver las cosas y como me haces reir .
      Tenes que escribir, aunque sea algo corto, se extrañan tus posts, además de alguna manera hay que equilibrar la acidez del mundo sino en cualquier momento la tierra será definitivamente colonizada por seres azucarados jaja

  3. Dinorah dijo:

    Glup me partió el corazón la pequeña Sienna llorando cuando mami partía este tema me llega mucho porque escribe una mamá que deja a su hija Dany desde muy pequeña para ir a trabajar y se cuánto le ha costado, para ella su consuelo tampoco fue su abuela pero sí su guitarra, deberíamos hacerle monumentos a los libros y a las guitarras o a los pianos y los pinceles y tirar muchos monumentos ridículos de hombres que incluso hicieron daño.
    Yo escribo (cuando escribo) tal vez porque las letras son como siempre he querido ser, de poco ruido pero con al menos algo de contenido. Un beso Sienna.

    • Ay si D que difícil, pero las madres hacen lo que pueden y los hijos lo entendemos también. A mi me encanta como escribis, como suenan las palabras con tu acento

  4. Papá por siempre dijo:

    Usted preguntará por qué escribimos
    Escribimos porque antes hemos leído
    Hemos leído desde que éramos niños
    Escribimos porque la pluma es un arma
    Es un arma para los tiempos de paz
    Escribimos para padres y los tíos
    También para los hijos y sobrinos
    Pero sobre todo escribimos para amigos
    Porque ellos quieren que escribamos

    (Por favor, ser benévolos con la métrica y la rima. Lo que vale es la intención.)

    • Que lindo Mario!. (yo soy la menos indicada para criticar la metrica de nadie y menos la rima 🙂
      Yo escribo mas para gente que aprecio sin conocerla que para los mas cercanos que incluso muchos ignoran que tengo este blog.
      Lo que pasa es que la mayor parte de los libros yo no los tengo acá sino haria lo mismo. Sabes que me encantaba algo que lei en el diario que la gente dejaba un libro en los lugares publicos pero no recuerdo como funcionaba, si habia que leerlo y volverlo a dejar

      • Papá por siempre dijo:

        La última línea podría modificarse para mejorar la rima:

        Porque aman lo que escribimos.

        Y cuando digo amigos, me refiero a la comunidad bloguera.

      • Si Mario y yo les estoy muy agradecida a todos esos amigos virtuales por estar siempre

  5. Marietta dijo:

    Coincido con muchos, generalmente el amor a la lectura nos impulsa a escribir. En mi caso una tía soltera era la que me leía una y otra vez el Fantasma de Canterville hasta el hartazgo y puedo dar fe que tiene en su casa, una de las bibliotecas más grandes que vi en mi vida (personales). Pasaba veranos en esa casa, y mientras mis hermanas jugaban en el jardín, el ratón de biblioteca se leía todo.
    No se cual fue mi primer cuento, se cuales fueron mis primeras poesías a los doce años, que las tengo guardadas en una caja con cosas de cuando era chica en la casa de mamá.
    Me amigué con la escritura hace dos años, casi. Cuando me enemisté del amor. La escritura permitió que hiciera catarsis y de paso, me amigó con el amor. Como “de casualidad”, entre otras cosas. Besos

    • Que buen recuerdo Mariett. Yo escribia mucho despues rompia todo, y un dia gracias a Uds me animé a esta experiencia que es cierto tiene mucho de catarsis y tambien me enseño mucho de mi misma.

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